Thursday, August 6, 2009

Sabado, 4 julio, 2009

Ya se acabó

Hoy me di diez minutos para sentarme y reflexionar sobre los últimos nueve meses.







Lo filmé.


De una forma en que sólo alguien que pasa todo el día pensando en cine puede sentir; estaba a punto de llorar viendo el océano sobre todo lo que ha llegado a ser para mí. Sentí que estaba hundiéndome y volando y explotando al mismo tiempo, y podía oír el Rodeo de Aaron Copland debajo de las olas.

He estado diciéndole a todo mundo que regresaré dentro de un año cuando tenga el producto final de los últimos nueve meses. Es muy fácil decirlo pero por experiencia sé que esto es sólo la punta del iceberg, que queda mucho más trabajo que hacer de lo que hasta ahora he hecho.

Sin embargo no puedo evitar decir “haHA” cuando pienso en aquella tarde, hace tres años, cuando casi me ahogo y es cuando pensé en este proyecto. Hoy siento muchas cosas, pero creo que la principal es aquella emoción que se asemeja a la imagen de un barco después de una tormenta: flotando aun cuando esté casi deshecho por el océano. Por supuesto, el documental es el océano, y nuestra relación es algo que recomiendo.

Sabado, 6 junio, 2009

Últimamente he tenido interesante interacciones con figuras de autoridad que me han llevado a valorar mis experiencias con los salvavidas en modos nuevos e interesantes, a su vez matizados por mis experiencias en Piña Palmera.


Visité al ministerio público en Puerto Ángel, que es una oficina estatal que investiga homicidios. No había ni una sola persona que tuviera más de dos años trabajando ahí. Tuve la impresión de que esta situación no es la excepción sino que es algo común en las oficinas gubernamentales. La falta de continuidad, creo, es uno de los factores que genera desconfianza en los oficiales gubernamentales. Además casi no hay miembros de la comunidad. Me llevó tres días y un viaje a Puerto Escondido el obtener la autorización para que el oficial en Puerto Ángel me diera las fechas de todas las muertas por ahogo (las cuales son clasificadas como homicidio) en los últimos diez años en Zipolite. Fue interesante, pero lo que realmente quería era comparar los ahogados de ahora con los de ANTES de que los salvavidas comenzaran a salvar gente. Mi idea era que la fuerte diferencia sería el mejor argumento para obtener los salarios de los salvavidas.

Entonces, como la oficina lleva alrededor de diez años, tuve que ir a Pochutla, la ciudad más cercana donde conseguir información anterior a 1999. Ayer visité al ministerio público y hablé con el funcionario de mayor antigüedad, Max, quien comenzó a trabajar en 1998. Aceptó ayudarme a encontrar información cuando termine su turno mensual, el 15, pero como aparentemente es tímido ante las cámaras, la entrevista la haré con su jefe.

También fui a la oficina municipal de protección civil para intentar obtener una entrevista con las personas encargadas de contratar a los salvavidas de Zipolite, si éstos fueran oficialmente contratados. Esta fue la parte más interesante del día. Esencialmente me dijeron que si los salvavidas no hay caído de la gracia del presidente de Pochutla por varias razones, entonces deberían tener plazas. Me contaron historias que luego platiqué con los salvavidas, y que por trillado que parezca, en apariencia realmente todo es un gran malentendido. He trabajo en esta película para los salvavidas con la impresión de que las autoridades NO SABÍAN cuán importante es el trabajo de los salvavidas y cuántas vidas han salvado. Si el verdadero problema es que ambas partes son demasiado necias u orgullosas para abrirse al diálogo y encontrar una solución que haga feliz a todo mundo, entonces estoy en una situación complicada. ¿La película es mi misión? ¿o lo es el conseguir los salarios de los salvavidas? ¿soy un mediador o dejo la película en sus manos y “buena suerte”?

En Piña aprendimos que la sobreprotección pueda ser más dañina para un niño con deshabilidades que la deshabilidad misma. Quizá ha llegado el momento de admitir que el problema de los salvavidas no es algo que puedo resolver; quizá necesito admitir que son hombres adultos con el control de sus propias vidas; quizá sea aún más importante para su desarrollo como equipo si resuelven la cuestión por sí mismos. Me voy a encontrar con Águila hoy, y esperemos que con el presidente de Pochutla antes de que me vaya el 20. Aún no sé lo que voy a decir…

Domingo, 17 Mayo, 2009

Una de las discapacidades más comunes en la región costera de Oaxaca es la sordera. Quizá sea LA más común porque la polio fue reducida drásticamente en el sentido de frecuencia con que se presentan casos. Dado el pobre sistema educativo en Oaxaca, los maestros no tiene siquiera un diploma en educación, mucho menos lo tienen en eeducación especial, lo cual implica dos cosas: que los niños con discapacidades reciban un extra de educación deficiente, si es que la reciben; y que los maestros no se pueden comunicar con sus alumnos sordos.

Moisés, un terapeuta del lenguaje acá en Piña, me dijo que una vida normal para niños sordos es menos de lo que uno espera. Se supone

que estos niños nunca serán capaces de leer ni escribir pues nuestra escritura se basa en los sonidos. Entonces, su trabajo es capacitar a niños sordos hasta un punto en que puedan tener una vida social normal con sus familias y con su comunidad. Si tienen un poco de audición, entonces usas los “auxiliares” o apoyos auditivos personalizados; si su audición es muy poca, entonces tienen que encontrar un trabajo donde no sea necesario oír. Como para casi todo mundo en Oaxaca, a largo plazo para los niños sordos el trabajo es más importante que la educación.

Como parte de un proyecto piloto diseñado por una voluntaria china, Anali, comenzamos a trabajar en un video práctico y dirigido a la población local sobre el lenguaje de señales para niños, familias y maestros con la idea de que tengan un entendimiento básico sobre la importancia del vocabulario de señas. El jueves grabamos todo el día, con dos actores y un traductor, todos sordos. Ni el español ni el en inglés servían, sin embargo, de vez en cuando yo hablaba, en momentos de desesperación. Dentro de todo fue una buena experiencia y te

ngo ganas de terminar nuestras 100 señas piloto.

También terminé la edición de un video de 10 minutos para los salvavidas que se titula “Salvando Vidas en la Playa de Muertos”; este video lo tendrán pronto en Oaxaca para que les ayude a gestionar sueldos pagados por el gobierno.

Hacer estos proyectos enriquece mi experiencia como documentarista, y no sólo por el material grabado que me permite tener; también he llegado a valorar el proceso de hacer estos documentales como parte de mi educación como videoasta y como persona. No puedo realmente describir el sentimiento que experimento cuando uso mis habilidades para dar y recabar al mismo tiempo; es simplemente perfecto.

Jueves, 30 abril, 2009

Es divertido cómo varios casos de catarro nos pueden transformar en un país de hipocondríacos. Por otro lado, México a veces puede ser un lugar tan contradictorio.



Hay algunas citas de correos que me llegaron de amigos desde la Ciudad de México:


1) "siento que es un movimiento manejado por el gobierno
"
2) " no creía que se pondría así, es como un pueblo fantasma… todo está cerrado… los super llenos y sin comida básica… la gente se está espantando.”

El sentimiento principal viene del primer campo: “no pasa nada”, es como el mantra de este campo. Todo mundo sospecha del gobierno o está desilusionado luego de tantos años de corrupción y pobreza, ya que es una de las situaciones en las que la gente de arriba habla y la gente de abajo sufre y tiene que lidiar de una forma u otra con el problema.

Tolo, un ex-paciente de Piña me dijo que el miedo en sí mismo puede llegar a ser una discapacidad o una enfermedad si dejamos que nos consuma. Cuando me lo dijo parecía asombroso, especialmente porque dicen que el stress en realidad puede debilitar nuestro sistema inmunológico. Mi casero me aconsejo seguir trabajando (y sudando para eliminar toxinas) y no preocuparme sobre eso. “Si Dios quiere matarnos lo hará.” Eso también fue muy importante, creo. Si el buen señor te quiere fuera, no necesitará de un virus para hacerlo; simplemente te dejará caer un coco desde una palmera o te mandará un escorpión a tu recámara.

Personalmente me siento bien, estamos en el campo y cerca del océano. De todas formas, si esto fuera una película, el virus regresaría y mataría a todos aquellos que no creen en él. Así que de vez en cuando me pongo la mascarilla, en caso de que la influenza porcina me esté viendo.

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